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Publicado por COALICIÓN CORED

 

Conforme se ha sabido de fuentes oficiales, el viaje de TNO al Vaticano (el demonio en la casa del Señor), el primero que realiza solo ante la Santa Sede, responde al objeto de cursar una invitación al Santo Padre (en representación del mismo belzebuth) para que realice una visita oficial a nuestro país. Tal petición se inscribe por tanto en las acciones diplomáticas desplegadas por la dictadura ante la Santa Sede y la Iglesia Católica (en tanto que religión de Estado mayoritaria de nuestro País) para captar su complacencia en aras de la legitimación de su perpetuación a través del proyecto sucesorio urdido a favor del interesado.

En efecto, y conforme suscribíamos en una publicación anterior (Radio Macuto, 16 de noviembre de 2019, “Acerca de las prioridades diplomáticas del dictador”), la acción diplomática de nuestro país persigue como principal objetivo la legitimación de la longeva y oprobiosa dictadura militar, cuyos intereses asimila falazmente a los del Estado. Un régimen cleptocrático acuciado por acciones judiciales internacionales, reprobado por la opinión publica de todos los países democráticos, y que ha sumido a la población en la más absoluta indigencia. Una satrapía que a sus socios internacionales prometía la paz reinante y la estabilidad para la prosperidad de sus intereses mercantiles. Vanas promesas siempre renovadas e incumplidas, desde el periodo de ostentación de las vacas gordas, hasta el de la humillante claudicación del caudillo en su guarida de akoaAam.

Santo Padre, esa familia satánica que nos oprime desde hace 42 largos años, se confiesa católica, y“no nos está permitido juzgar sus conciencias pero sí sus actos, los cuales ponen de manifiesto una escasa coherencia con las convicciones éticas y religiosas propias del magisterio católico (mensaje papal con motivo del congreso “Encuentro de laicos católicos que asumen responsabilidades políticas al servicio de los pueblos de América Latina “, 1-3 de diciembre de 2017, Bogotá). Tales acciones, aludidas anteriormente, traslucen la naturaleza diabólica de la dictadura de Obiang. En efecto, el sanguinario dictador, y su hijo y emisario TNO “son cristianos corruptos que fingen ser personas honradas, cuando en el fondo de su corazón hay podredumbre. De cristianos no tienen nada, se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma” (parafraseando la homilía papal con ocasión de la Pascua de 2018).

En el régimen impuesto por Obiang hace 42 años, reina la paz social y política impuesta manu militari, simbolizada por la existencia formal de un marco de concertación entre el gobierno y la oposición, el llamado diálogo nacional entre el partido único PDGE y la miríada de partidos coaligados de la llamada oposición democrática. La paz sepulcral impuesta por los cancerberos de la dictadura a costa de la sangre y de los sollozos de los hijos de esta Nación, mediante una feroz represión, caracterizada por la sistematización de detenciones arbitrarias, de desapariciones, secuestros, la iniquidad judicial, la tortura y los asesinatos. Crímenes de lesa humanidad que de manera incesante denuncia la población y transcriben informes alarmantes suscritos por numerosos y prestigiosos organismos internacionales, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Comité de los derechos Humanos de las Naciones Unidas, etc.

Una dictadura por tanto tan satánica como la que en su día imperó en el país que le vio nacer (Argentina), el cual, por la gracia divina y a diferencia del nuestro, recobró desde entonces su libertad y dignidad. En efecto, en su tierra natal, la dictadura militar conllevo igualmente al extremo empobrecimiento de las poblaciones y al endeudamiento del Estado, las violaciones de los derechos y libertades esenciales, la persecución de disidentes políticos, la desaparición de miles de personas (de la que nos sensibilizaban día a día las valientes Madres de la Plaza de Mayo), los secuestros, las torturas y las muertes, etc.

Su Santidad, el pueblo martirizado de Guinea Ecuatorial apela a su bondad, y a su rica y profunda experiencia de vida, que le ha llevado a combatir siempre la injusticia social y a defender a los oprimidos y a los pobres. Un humanismo que trasluce de su encíclica Fratelli Tutti (Hermanos todos), en la cual expresa su reflexión acerca del presente y futuro de la humanidad, y cuya concreción pastoral le ha merecido el reconocimiento planetario, sin distinción de razas o credo confesional.

Como en su día la tierra que le vio nacer, como todos los oprimidos de la tierra, nuestro pueblo agoto su resiliencia, anhela y sueña con el fin de la pesadilla dictatorial. Queremos recobrar nuestra libertad y nuestra dignidad, que nos arrebató el déspota hace medio siglo, y cuya confiscación proyectan perpetuar los planes sucesorios a favor de sus hijos. A tal efecto y de conformidad con su exhortación con ocasión del precitado congreso de Bogotá, “se necesitan dirigentes políticos que vivan con pasión su servicio a los pueblos, que vibren con las fibras íntimas de su ethos y cultura, solidarios con sus sufrimientos y esperanzas; políticos que antepongan el bien común a sus intereses privados, que no se dejen amedrentar por los grandes poderes financieros y mediáticos, que sean competentes y pacientes ante problemas complejos, que estén abiertos a escuchar y aprender en el diálogo democrático, que combinen la búsqueda de la justicia con la misericordia y la reconciliación”. Lo cual se ciñe exactamente a las exigencias del actual contexto socio-político de nuestro pais.

Reiteramos por tanto nuestras imploraciones al objeto de que Su Santidad no acuda a legitimar la más opresiva y longeva dictadura del mundo, que desde hace 42 años siembra desolación y desesperanza en nuestro país. Antes bien, le rogamos promueva y propugne la concienciación de nuestro Clero, cuya vocación teológica humana y social debe llevarle a la emulación de ilustres prelados africanos tales como Desmond Tutu de Suráfrica, Isidore De Souza de Benin, Laurent Monsengwo de la RDC, y el cardenal Christian Wiyghan Tumi de Camerún, cuya contribución fue decisiva en la resolución de crisis socio-políticas que acuciaban a sus respectivos países.

Ojalá la casa del Señor vuelva a ser como antaño, en nuestro Pais, el refugio de los oprimidos, y no el aliado servil del poder temporal, y la justicia y el respeto a la dignidad humana vuelvan a ser la prioridad de la acción pastoral de nuestra Iglesia!

por: RADIO MACUTO.

*Foto de portada : Gentileza de Nguema Emaga Eyui

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